Viajar a Estambul
El aire especiado con aroma asiático se respira en cada rincón de la única ciudad que se extiende entre Europa y Asía. Recorrerla es viajar de un continente a otro, teniendo la sensación de poner los pies donde antaño lo hicieron reyes y emperadores. Estambul es Constantinopla y un episodio de historia que configuró la actual Europa, en su pasado figuró como el eje del nuevo orden tras la caída del imperio romano.
Visitar Estambul es conocer sus mezquitas y antiguas basílicas cristianas, de las primeras destacar la Mezquita Azul famosa por su grandeza visible desde todo el canal del bósforo. Frente a la anterior la hermosa Santa Sofía conocida por sus grandes cúpulas que adornan también la entrada al bósforo en la parte Europea de la ciudad.
Estambul en un fin de semana
Ver estos dos templos (el segundo museo actualmente) por la noche iluminados, es un espectáculo que alegra la noche y del cual merece la pena ser testigo. Cerca de los templos anteriores se encuentra el famoso palacio de Topkapi también de visita obligada. Estambul es una ciudad donde por suerte, la mayoría de los templos, y sitios de obligada visita estan juntos y es posible verlos de forma continua sin tener que desplazarse de un lugar a otro de la ciudad.
Cerca de Santa Sofía se extienden los famosos bazares, en los cuales el regateo es obligatorio y de no realizarlo se podría ofender al vendedor. Engancha tanto esta forma de compra que difícilmente se sale con las manos vacías de ellos. Las telas y alfombras que en ellos se pueden encontrar son de gran calidad y de vistosa decoración para un hogar. Entre los bazares y Santa Sofía, están las peculiares cisternas o antiguos depósitos de agua romanos, donde grandes cantidades de esta se acumulaban bajo tierra en enormes salas decoradas por bonitas columnas y bóvedas. En la más grande y famosa de todas ellas (visitable como museo) se puede apreciar la cabeza de medusa. Son numerosas las cisternas que hay por toda esta zona y muchas de ellas han sido rehabilitadas como cafeterías.
Uno no debe marcharse de esta ciudad sin probar los tradicionales Kebab que poco tienen que ver con los que uno puede tomar fuera de Turquía. Son baratos y pueden tomarse cómodamente a pie cuando a uno le entra el hambre.
Comer en Estambul
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